
domingo, 11 de enero de 2009
Peores noticias


Martín Guerrero
O Captain! My Captain!
El capitán de esta nave cree que comanda el Crucero del Amor. Ya instruyó a embajadores y cónsules para que difundan una bonita imagen del país, enfatizando que no tenemos un Estado fallido, que hay paz social y silencio cívico hasta en las calles nocturnas de Tijuana, que el caos es una ficción o un mito genial inventado por algunos masiosares legítimos y otros productores cinematográficos empeñados en promover el cuento de que el narcotraficante es la degeneración moderna del charro mexicano, valiente y bragado.
Ojalá que este barco no sea una imitación del Titanic. Pero lástima de capitán, tiene más parecido al patrón del bote de La isla de Guilligan que cercanía con el mandamás del Pequod, el temible Ahab.

Oh, capitán, mi capitán: nuestro viaje apenas da comienzo
y tú sólo te muestras soberbio y discursivo, enamorado
de tus propias palabras, de tu pose que quiere imitar
el arrojo de los libertadores o la certeza del vencedor.
¿No ves, acaso, que la nación se desvanece entre tus manos
como una paloma estrujada por ansias asesinas? ¿No escuchas
el clamor de tu pueblo que no quiere ser salvado sino salvar
a los que, como tú, insensato, ofrecen falsas esperanzas?
Tu nave parece naufragar; perece lentamente, atraída hacia el fondo
del oscuro océano. Mas ya subimos al puente, prestos contra la catástrofe,
haciendo manar bríos nuevos de nuestros corazones fatigados.
Cuando se agote tu ciclo, capitán, cuando el navío se resista a tu mando
asumiremos el timón y enfilaremos a un nuevo destino. Pero hoy, capitán,
hoy nos esforzaremos junto contigo para llevarlo a puerto seguro.
Alejandro San Martín
(Debería pedir perdón de rodillas a Whitman por mal usar así el título de uno de sus más afamados poemas.)
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Con melón y con sandía

Martín Guerrero
Pejeguard
Menos mal que el Andrés Manuel cuenta todavía con un sueldo legítimo para contratar otros guaruras.

Alejandro San Martín
Historias del Queque

Al pinche Queque no le trajeron si bírula los reyes magos (culeros y malandrines, dijo). Como su jefecita le expresó de forma por demás gráfica que a los 30 ya no podía andar viviendo de los demás (sin placa ni ganancia), lo envió a la escuela de guaruras a ver si se hace pronto de una buena nave, así sea chocolatona. Chido por el Queque.
El Warrior

El esperado retorno de Carmen Aristegui

Me levantaré más temprano para escucharla. Mis grandes deseos porque este nueva empresa de la hermosa e inteligente periodista tenga el mayor de los éxitos.
miércoles, 7 de enero de 2009
Profeta
La foto del viejo de barba cana me remite a la imagen tradicional del profeta bíblico, pero se trata de un profeta desesperanzado porque ya no tiene nada que profetizar ni profesar, acaso un Moisés que al descender del Sinaí con las tablas de la ley se halló a un pueblo de Dios irremisiblemente perdido, ingrato, que lo expulsó de su seno y lo marginó de sus funciones. Al ser abandonado por Dios, comprendió que el Becerro de Oro dominaría las almas de ese pueblo de modo perpetuo, que el dinero estaría por siempre en las mentes de los hombres y él no sería sino un patético profeta de esa verdad: de allí el billete en su frente; y de allí, también, ese estar descalzo, pegado a la tierra y a los apetitos terrenales, muy lejos del espíritu. Su mirada extraviada atisba una realidad ida, un tiempo fabuloso en que fuimos obedientes y felices.
El teporocho nos testimonia.
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martes, 6 de enero de 2009
Epifanías
La epifanía (del griego επιφάνεια) significa manifestación, revelación y, por extensión, fenómeno milagroso.
Horacio Salazar nos informa (Milenio Diario) de “una versión laica que en el Merriam-Webster está expresada así: ‘manifestación súbita de la esencia o significado de algo’. Indica el momento en que se revela la auténtica naturaleza de algo, y no es de extrañar que su connotación más común aluda a la visita de los Reyes Magos al recién nacido Jesús”.
Efectivamente, para los cristianos representa el momento en que Dios manifiesta o hace presente su naturaleza divina en el cuerpo del niño recién nacido. Los testigos son hombres, pero sabios, venidos de oriente, de las regiones más antiguas y antaño poderosas, como símbolo del reconocimiento de muchas naciones de que El Salvador de la humanidad ha aparecido en tierras pobres y lejanas. Oro, incienso y mirra, artículos todos ellos preciosos para el (sentido) común de los mortales, son ofrendados en honor del que viene a redimirnos. Al menos así lo quiere la mitología cristiana, y así se apoya de profetas como Miqueas en el Antiguo Testamento.
(De haber ocurrido en Mesoamérica, los presentes habrían sido cacao, jade y plumas de pájaro quetzal, acaso. Por cierto, jamás he sabido el destino que los padres de Jesús dieron a los regalos que los Sabios de Oriente depositaron a los pies del niño divino).
La ciencia —nos dice también Salazar— también crea sus propias mitologías y hace un uso más amplio de la epifanía identificándola como ese instante mágico del descubrimiento que ha denominado como “momento eureka”: los ejemplos más conocidos son, precisamente, la imagen de Arquímedes en su bañera hallando la solución al problema del peso de la corona del rey; también , la famosa manzana que cae en la testa del futuro Sir Newton. Pero lo importante en la ciencia no es el momento mágico sino en antes y el después de ese instante: “La magia, pues, no es un momento: es un largo y afanoso trabajo.”
Dos epifanías del ámbito político se celebran este inicio de año. El primero es el medio siglo del triunfo de la Revolución Cubana, sobre cuya historia y consecuencias han corrido océanos de tinta. Para la simbología de la izquierda revolucionaria, este acontecimiento mostró que sí era posible instaurar el socialismo en tierras americanas. La idea misma de la revolución triunfante, toda la parafernalia ideológica que acompaña estos hechos, revela en su fondo una epifanía política que se acompaña de himnos y amaneceres, de nacimientos y avatares definitivos.
Otro momento político que puede equipararse a la epifanía es el alzamiento zapatista de hace quince años, celebración que ha tenido su buen bailongo en Oventic, aderezado con discursos y consignas que fortalecen el espíritu (revolucionario). Yo prefiero celebrar la fecha en que el Estado y el EZLN hacen un cese al fuego y buscan (lo siguen haciendo, al menos el EZLN) soluciones pacíficas a problemas añejos y poco atendidos. De hecho, este amanecer fulgurante de los indios chiapanecos supuso un opacamiento de lo que de alguna manera han identificado como el nacimiento del anticristo nacional, es decir el inicio del TLC con EU y Canadá. Ese diablo subsiste, y no es más que otro rostro del demonio llamado neoliberalismo.
Así como el nacimiento de Jesús marca el inicio de la era cristiana, no es raro que todo movimiento o movilización, desde las marchas por la seguridad pública hasta los movimientos por la esperanza (ya incluimos a los movimientos guerrilleros) busquen establecer un antes y un después en el momento de su manifestación. Lo tenemos enraizado en el subconsciente, como un mecanismo que nos permite volver inteligible nuestro propio acontecer en esta vida. Tales son los cumpleaños, y por supuesto los inicios de año.
Todas las artes no son sino la reiterada manifestación de la epifanía, venida a menos con el calificativo de inspiración. Los artistas verdaderos, reconocidos o no, son mensajeros (ángeles) que expresan diferentes aspectos de la divinidad o la naturaleza o el genio humano. Una de las mejores descripciones de esa manifestación la leí en el “retrato de un artista adolescente” de Joyce, que describe el acto creativo no como ocurrencia mecánica sino quizá como el dificultoso brote de la conciencia, del alma creándose a medida que crea:
El instante de inspiración parecía ahora ser reflejado de todas partes a la vez por una multitud de incidencias nebulosas, por todo lo que había existido, por todo lo que podía haber existido. El instante se había abierto como un punto de luz y ahora de nube a nube, entre vagas incidencias, se iba tendiendo una forma que velaba el último rastro luminoso. En las entradas virginales de la inspiración, la palabra se había hecho carne. El arcángel Gabriel había bajado a la celda de la doncella. Y, disipada ya la llama blanca, sólo quedaba en el espíritu su rastro resplandeciente, que se iba de nuevo intensificando, intensificando, hasta dar una llamarada de luz ardiente y rosa.
Aquella luz rosa y ardiente, era el corazón de ella, su corazón extraño y anhelante, lleno de anhelos desde antes de los principios del mundo, y, tan extraño, que el hombre nunca lo había conocido ni nunca lo podría conocer; y seducidos por aquel resplandor rosado, los coros de los serafines estaban cayendo de los cielos.
¿No estás cansada de ese ardiente afán,
tú, de ángeles caídos seducción?
No me evoques encantos que se van.
Los versos descendían desde su mente a los labios. Y mientras se los repetía en voz baja sintió que bullía por entre ellos el movimiento rítmico de una villanela. El resplandor rosado estaba irradiando unas emanaciones de rima: afán, volcán, imán; rayos que abrasaban el mundo consumiendo a un tiempo los corazones de los hombres y de los ángeles. Y eran los rayos que salían de la rosa del corazón de ella, de su corazón lleno de anhelos.
El corazón del hombre es un volcán
por tus ojos que dueños suyos son.
¿No estás cansada de ese ardiente afán?
¿Más? El ritmo se extinguió, cesó, comenzó de nuevo a moverse y a latir. ¿Más aún? Sí: un ascensión de humo, de incienso que subía desde el altar del mundo.
Más que el fuego tus laudes altos van,
humo en el mar, desde uno a otro rincón.
No me evoques encantos que se van.
El humo ascendía desde todos los puntos de la tierra, desde los mares nebulosos también y era el incienso de sus alabanzas. La tierra toda era como un incensario que se mecía, que se balanceaba, como una bola de incienso, como una bola elipsoidal. El ritmo cesó de repente. Se había roto el grito de su corazón.
Mientras en América Latina y España se celebra la epifanía de los Reyes Magos, en las tierras donde vivió y murió el hombre cuya divinidad adoran los cristianos ocurre lo contrario. Allá la muerte se enseñorea entre la población civil palestina y judía, y sobre todo entre los niños —¡todos ellos divinos!— que, una y otra vez, seguirán sufriendo y muriendo en medio de los odios viejos y nuevos. Allá no hay epifanías.
Pero es el 6 de enero en esta ciudad desesperante. Mi hijo ha despertado y me despierta con su algarabía infantil ante los regalos encontrados bajo el árbol navideño. Todo mi ser se estremece; por un instante fugaz se permite este devaneo religioso, mientras bendigo que mi familia no se encuentre en medio de los cañoneos ni al alcance de las balas asesinas. La felicidad de mi hijo me devuelve al presente, y entonces veo con claridad: en su sonrisa reside la divinidad.
viernes, 2 de enero de 2009
Viejo barrio

El pie de foto dice: "Foto 7. Vista de noroeste a sureste del área norte del Templo Mayor, 1962. (Foto de Lorenzo Coronado).
Fuente: Gulliem Arroyo, Salvador. Ofrendas a Ehécatl-Quetzalcóatl en México-Tlatelolco. Proyecto Tlatelolco, 1987-1996. México. INA (Col. Científica, 400), 1999.
Tome su aumentote

Poesía contra la guerra
MAYA BEJARANO / Situaciones bélicas
la geología humana
incluye una llama interior permanente
allí burbujea la guerra sempiterna
la guerra como disposición constante
a la fatiga de los materiales.
Bajo la marea colorida,
la rueda del placer
de las cafeterías transparentes y sombrías
donde manos sostienen objetos bellos
un gusto embriagador
o incluso hasta un bebé;
por debajo de los escenarios, de las salas,
los pupitres o los pizarrones,
bajo las almohadas
las calles claras
los relojes.
Bajo la vida
se oye constantemente
la fatiga del material
que combate su propia persistencia,
bajo los montes agresores del olvido,
bajo la gran ciudad revestida de mapas
qué orgullo o desvergüenza
la dieron vuelta, le ofrecieron
ancha vía de escape
para salir y ver, para ser escuchada.
Se distingue en toda su ruindad
el deseo del hombre-bala:
ostentar armas letales
criaturas de significado único
armamento para las fronteras
que no respeta límites.
Nos agitan sensaciones
hombrecitos en la barriga
faltos de calidad o títulos
hombres de la retaguardia,
de uniformes desteñidos
en intentos de huída
que es el instinto de preservar
el rostro primigenio
destinado al fracaso.
La guerra se mete en cada agujero
la guerra está en el aire
y la boca herida la canta
a cualquier precio.
Tomado de : poesiaeljabali.com.ar

Próxima a la palabra divina,
Un techo de nubes.
Para nuestra patria,
Lejana de las cualidades del nombre,
Un mapa de ausencia.
Para nuestra patria,
Pequeña cual grano de sésamo,
Un horizonte celeste... y un abismo oculto.
Para nuestra patria,
Pobre cual ala de perdiz,
Libros sagrados... y una herida en la identidad.
Para nuestra patria,
Con colinas cercadas y desgarradas,
Las emboscadas del nuevo pasado.
Para nuestra patria cautiva,
La libertad de morir consumida de amor.
Piedra preciosa en su noche sangrienta,
Nuestra patria resplandece a lo lejos
E ilumina su entorno...
Pero nosotros en ella
Nos ahogamos sin cesar.
Tomado de: poesiaarabe.com
Anna Coretta
La mierda se queja del hedor
“El diputado Gerardo Sosa Castelán, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), alertó sobre el riesgo de que se reediten las "campañas negras" en los comicios de 2009 a pesar de que la nueva legislación electoral las prohíbe. […]
indicó que algunos partidos y políticos podrían recurrir a internet, espacio que no cuenta con reglamentación para la diatriba, la calumnia, la injuria o la difamación del adversario."Resulta imprescindible que la democracia se aleje de la simulación en el cumplimiento de la ley, y que en las campañas electorales que se desarrollen en los espacios en donde no existe regulación normativa alguna, los actores políticos se conduzcan de acuerdo a los principios de equidad y respeto al adversario", subrayó.
El escritor y periodista hidalguense Alfredo Rivera Flores describió al personaje Sosa Castelán, en su libro La Sosa Nostra , como un "estudiante sin brillo, líder por la fuerza de su carácter y la certeza de sus puños, hábil para crear alianzas, bronco comandante de sus subordinados, enemigo temible, se hizo dirigente estudiantil y desde el cargo inventó una nueva Federación de Estudiantes Universitarios de Hidalgo (FEUH). Utilizó a los estudiantes, protegió a los vándalos, amedrentó a los profesores, propició enfrentamientos y terror, cimentó su fuero sobre la fuerza de los golpes y de las armas. Todo con un fin: tener el poder".
Por el mecanismo que empleó para ejercer control, a base de golpes, amenazas y muertes violentas en ciudades como Pachuca y Tulancingo,ya como rector de la UAEH y como dirigente estatal del PRI, en el medio periodístico de Hidalgo se le bautizó como la Sosa Nostra . Era una manera de identificar no sólo al grupo, sino a la personalidad y al aura que comenzó a rodear a Sosa Castelán, quien entre 1981 y 1998 se convirtió en eje político de los gobiernos que siguieron al del Rojo Lugo, los encabezados por los priístas Guillermo Rosell de la Lama, Adolfo Lugo Verduzco y Jesús Murillo Karam.
Digo yo: Esta nota periodística tiene toda la apariencia de una inserción pagada. Podrán decir que no, pero por la manera en que está redactada podríamos suponer que la nota fue introducida no por la innegable importancia del tema sino por el enorme prestigio moral del declarante.
Lo menos que se puede decir de Sosa Castelán es que se trata de un cínico. Si eso lo considera “diatriba, calumnia, injuria o difamación”, añadiré entonces que este gran hijo de la chingada es el prototipo de la más hedionda mierda producida por el PRI, pero no es un detritus expulsada por ese organismo sino parte de su propio cuerpo, una mera extensión podrida de su ser.
Personajes de esta calaña volverán a gobernar gracias a nuestras incapacidades, a nuestras pendejadas.
Martín Guerrero
Premio de consolación al PSD

Que se mueran los feos
EFE / El Universal / Santiago, R.Dominicana Jueves 01 de enero de 2009
Un inmigrante haitiano se suicidó en el municipio dominicano de Guayubín en la provincia Montecristi (noroeste) porque, según sus familiares y vecinos, estaba deprimido al considerarse feo.
unicó que investiga el caso.Navideñas

Parábola de la soledad
El “otro” hombre representa una imagen diferente, radicalmente diferente. La imagen simbólica que me sugiere es no obstante la más obvia: se trata de Nuestro Padre Adán recién engendrado, sin conciencia de sí todavía, sin saber, en la más absoluta inocencia; pero despertará y pecará, porque tal es su sino, porque no ha nacido de un barro inmaculado sino de una materia putrefacta, nauseabunda, de la basura misma. Eso somos sus hijos, los hijos del hombre primigenio, por eso nos debatimos de modo permanente en un estercolero.
, como si fuese cosa maléfica, diabólica. La foto no lo dice pero sugiere tal posibilidad. Y entonces sabemos que la naturaleza de ese ser ya ha cambiado, que se ha vuelto como nosotros y que sus alas no son sino un remedo de lo que algún día pudimos ser. Podemos también pensar: ¿No es acaso toda fe, toda creencia profunda, toda esperanza real una especie de muletas que nos ayudan a andar por este mundo? ¿Y si, además, nos cortaran unas alas ya de por sí inservibles? Esas alas que algún día sirvieron para remontar los cielos se han vuelto ahora una excrecencia, un apéndice monstruoso, un testimonio de nuestra culpabilidad. Doblemente mutilado, el ángel sueña tal vez con otros ángeles, con otras edades sin tiempo, cuando aún podía cumplir con sus tareas de mensajero. jueves, 1 de enero de 2009
Enero inicia...
Cantar de Valparaíso
¿Recuerdas que querías ser un poeta telúrico?
Con fervor aducías los admirables ritos del paisaje,
paladeabas
nombres de volcanes, ríos, bosques, llanuras,
y acumulabas verbos y adjetivos
a sismos o quietudes (aun a las catástrofes
extremas del planeta) vinculados.
Hoy prefieres viajar a medianoche, y en seguida
describes episodios efímeros.
Tus cuadernos registran el asombro
de los rostros dormidos en hoteles de paso.
Encoges los hombros cuando el alba precipita
desde lo alto de la cordillera blondos aluviones.
¿Qué pretendes ahora? ¿Qué deidad escudriñas?
Acaso te propones glorificar el orbe claroscuro
del corazón. O merodeas al margen de los cánticos,
y escribes empujado ya tan sólo
por insondables apetencias,
como fiera que busca su alimento donde la sangre humea,
y allí filos de amor
dispone ciegamente.
* * *



