martes, 10 de marzo de 2009

"Pelotero a la bola"

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Alguien aconsejó al secretario Agustín Carstens que lanzara la primera bola en la inauguración del Campeonato Mundial de Beisbol en el Foro Sol. La rechifla que recibió fue monumental y los insultos no fueron menos dolorosos. Del catarrito se pasó al tsunami recordatorio. ¿Pero qué culpa tiene la jefecita del gordo?


Aquí lo vemos intentando lanzar una recta que al final le salió curva. Cosas de la economía y su crecimiento negativo.


A. Chaz Carrillo

El diplomático Madero

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Más o menos, lo que dijo el presidente francés al comenzar su discurso en la cámara de senadores, fue: “Me dijeron que no hablara del asunto Cassez, pero voy a hacerlo porque me da la gana”.

Quien le había pedido no abordar el asunto fue el senador Gustavo Madero. Le llaman a eso “diplomacia a la mexicana”.


Martín Guerrero
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Carla Bruni

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Por mucho, es más interesante que su esposo, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy. Además de ser una buena modelo, es cantante y compositora. Tiene al menos tres discos que, me cuentan, son bastante buenos. No he escuchado más que un par de canciones y me ha gustado.










(Fotos del fotógrafo suizo Michel Comte, tomadas en 1993).

Alma María

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lunes, 9 de marzo de 2009

"Feliz día de la mujer"

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El 8 de marzo es ocasión para que los gobiernos municipales, estatales y el federal anuncien el éxito de sus programas “de protección a la mujer”, realicen ferias y conmemoraciones, inauguren exposiciones y ofrezcan discursos donde fustigan la inequidad, la violencia, la desigualdad y la preponderancia de una cultura donde el hombre sigue teniendo prioridad por sobre la mujer en todas la áreas. Concluido el acto, “a otra cosa, mariposa”.

Los partidos políticos llevan a cabo sus festejos pero no cumplen con sus “cuotas de género”; las organizaciones campesinas y obreras dan cifras espeluznantes acerca de la situación de la mujer en el campo y en la industria (y en el comercio), pero los líderes parecen enriquecerse cada día más, incluida una mujer llamada Elba Esther.

Las ONG, instituciones académicas y muchos medios informativos aprovechan la ocasión para denunciar abusos, retrocesos, incumplimiento de promesas, deficiencias institucionales, ineficiencias personales y corrupción generalizada, además de la sempiterna violencia expresa o silente en contra de las mujeres. Pero en esos espacios priva todavía la ley de que el puesto es para quien tiene pantalones (y no hablo de valor) y pelotas. La TV juega al doble discurso promoviendo clichés y la imagen de objeto sexual comercial , mientras produce programas que pretenden combatir esa postura.

Las Naciones Unidas, por ejemplo, llaman a erradicar la violencia de género en el mundo. Pero el endeble organismo mundial no parece ya capaz de parar ningún tipo de violencia en ningún parte del planeta.

Pasada la “fiesta”, nos quedamos con algunas realidades, que muy posiblemente no cambiarán en poco tiempo :

“Ban Ki-moon, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), aseguró que actualmente la violencia contra las mujeres “escapa de nuestros cálculos”, además de que los gastos médicos, lesiones y muertes causadas por la violencia contra las mujeres son sólo la “punta del iceberg” de un problema que aún se vive a nivel mundial y del cual se necesitan políticas sociales para contrarrestarlas, indicó en un mensaje.

“Necesitamos políticas económicas y sociales que apoyen el empoderamiento de la mujer. Programas y presupuestos que promuevan la no violencia. Una imagen positiva de la mujer en los medios de comunicación, leyes que digan que la violencia es un delito, que exijan responsabilidades a los perpetradores y que se respeten”, sostuvo en el escrito. Enfatizó la importancia de la sociedad para erradicar este problema y puso como meta el año 2015 para hacerlo por completo.”

“En México, el INEGI señaló hoy que 67 de cada 100 mujeres han padecido algún incidente de violencia, ya sea en su relación de pareja o en espacios comunitario, laboral, familiar o escolar.

“Según cifras del INEGI, de los 2 mil 400 municipios del país y las 16 delegaciones en el Distrito Federal, existen 111 mujeres gobernando en 2009.

“Las entidades con mayor número de presidentas son Oaxaca y Veracruz, con 17 mujeres cada una, y Yucatán, con 15. En Aguascalientes, Baja California, Campeche, Colima, Querétaro y Tabasco no cuentan con ninguna.En el DF de 16 delegaciones, sólo una es gobernada por una mujer, lo que representa 6.25 por ciento del total en la capital. “En cuanto a gobernadores, sólo dos son del sexo femenino: Amalia García, en Zacatecas; e Ivonne Ortega, en Yucatán. Lo que significa que 93.7 por ciento de los mandatarios estatales son varones.”

“En el Distrito Federal, siete de cada diez mujeres mayores de 15 años (el 70%) han sido víctimas de violencia por lo menos una vez en su vida, señaló el ombudsman capitalino, Emilio Álvarez Icaza. Pese a que el Distrito Federal es la entidad con mayor índice de violencia en espacios públicos, aseguró que el lugar más riesgoso para las féminas es el hogar, “pues ahí se reproducen los mayores niveles de intimidación en su contra”.

“De acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano 2000-2005 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, de los 2 mil 438 municipios del país no existe uno solo en el que la situación de progreso de las mujeres sea mayor al de los hombres.”

“Pese a que la Ciudad de México es la entidad con mayor número de leyes a favor de las mujeres, continúa siendo el territorio donde más violencia comunitaria se ejerce contra ellas. Este tipo de agresión es la que se da por intimidación o abuso sexual en los espacios públicos, como la calle o el transporte.
De acuerdo a cifras oficiales, alrededor de un millón de mujeres capitalinas sufre uno o más tipos de violencia comunitaria anualmente. La delegación en la que ocurre en mayor medida es Iztapalapa, donde el año pasado se iniciaron 185 averiguaciones previas por violación sexual.”

“La cifra de delitos cometidos en taxis se ha disparado y 90% de las víctimas son mujeres, lo que explica que este tipo de transporte es el espacio público más peligroso para ellas, particularmente en el Distrito Federal. Se tiene registros de taxistas que someten a pasajeras a golpes, las llevan a hoteles de paso, abusan sexualmente de ellas y las abandonan agonizantes. ´En algunos casos la violación es tumultuaria’.”

“En 2008 se iniciaron mil 323 averiguaciones previas por el delito de violación; en 132 de ellas (10.8%) las víctimas precisan que la agresión ocurrió a bordo de un taxi; es decir, cada mes se denunciaron, en promedio, 11 casos en dicho transporte. En lo que va de 2009, la Fiscalía ha recibido ya 17 denuncias.”

La quinta encuesta de ICESI indica que a nivel nacional 79% de las víctimas no acuden a presentar una querella, mientras que en 26% de los casos dados a conocer “no sucedió nada con la denuncia”. “Ante la ineficiencia de las autoridades, la gente toma sus propias medidas. Dicha encuesta calcula que de 65% de la población que ha sido víctima de un delito, 23% dejó de tomar taxi, 42% ya no sale por las noches y 40% ya no lleva consigo sus tarjetas de crédito ni de débito.

Esas son nuestras realidades, pero también la siguiente: en las páginas centrales del periódico La Jornada en su edición de ayer domingo (págs. 22 y 23) aparece el anuncio: “Celebremos en nombre de todas las mujeres. 7 y 8 de marzo ven a El Palacio y disfruta los privilegios de ser Totalmente Mujer. Feliz Día de la Mujer.”

Y como colofón, un verdadero imbécil que cobra como alcalde de Irapuato, llamado Mario Turrent Antón (PAN) aseveró que “El pandillero es el producto de una madre que tuvo que dejar su hogar para ir a buscar un poquito más de recursos para la familia”, insistiendo que su gobierno quiere trabajar más fuerte “para que la madre regrese a su hogar y nos ayude a abatir ese problema”. Así es, las madres trabajadores son las culpables de la violencia pandilleril. Esas son nuestras carajas “autoridades”.

(Información obtenida de varios periódicos en red).

Anna Coretta
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sábado, 7 de marzo de 2009

Y sin embargo se mueven...

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De acuerdo con una nota periodística, “Andrés Manuel López Obrador salió al paso de las versiones que lo acusan de querer derrocar a Felipe Calderón y aclaró que esa no es la intención porque no se puede intentar tumbar a alguien que no existe, que no sirve para nada”. “La banda más peligrosa, la más dañina, la que más afecta al país es la banda de los Pinos”.


"El excandidato presidencial insistió en que son 30 personas nada mas las que detentan el poder en México y la zona en que operan, que aplican, se respalda en 'dos partidos (PRI y PAN) que los usan de acuerdo a lo que les conviene; un pelele que está a su servicio, eso es Calderón, que no estaba ni siquiera para ministerio público, lo pusieron ahí para frenarnos, para cerrarnos el paso y que no hubiera cambio´.”


(Milenio, 6 de febrero del 2009)



García+

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¿El orgasmo es de todas?

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Los remito a todos y a todas al estupendo artículo de la siempre inteligente y muy cachonda Verótika (Verónica Maza Bustamante), publicado el día de hoy en el periódico Milenio, con el título "Mujeres, placer y evolución. ¿El orgasmo es de todas?". Visiten también su blog: http://veronicamaza.blogspot.com/


Trascribo sólo un párrafo:

El que el orgasmo sea un privilegio exclusivo de las mujeres (más algunas macaquitas), agrego yo, es también una responsabilidad. Me refiero a que sabiendo esto, las féminas deberíamos de hacernos responsables de ejercer esa capacidad de sentir un placer supremo; de explorar el autoerotismo para saber de qué se trata esta prerrogativa evolutiva pues, más allá del objetivo reproductivo de las relaciones sexuales, también podemos disfrutar de la dicha que nos da esta capacidad; de demostrarle a nuestras parejas —sean del sexo que sean— la manera en que podemos llegar al clímax; de gozar con la maternidad, pero también con la ausencia de hijos. ¡Imagínense que de entre millones de especies somos casi las únicas que podemos sentir la muerte chiquita!

Alma María
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viernes, 6 de marzo de 2009

¿A quién?

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Alejandro San Martín
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jueves, 5 de marzo de 2009

sacó sus pistolas, se inclinó el sombrero y me dijo a solas:

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What the heck / is this house / for a manly / cowboy mouse?
¡Hello, you /let me out / and don´t catch me / like a trout!

Jelipe “por mis pistolas” Calderón se puso bravo con los gringos y respondió que “la principal causa de los problemas de narcotráfico a los que se enfrenta México es el consumidor estadounidense”. "Si Estados Unidos no fueran el mayor mercado de droga del mundo, no tendríamos este problema" (del narcotráfico), que tiene como elemento agravante el comercio de armas al otro lado de la frontera.

En una entrevista publicada este jueves por Le Monde, Calderón señaló que esa idea de pactar es "increíblemente ingenua, e incluso diría que estúpida" ya que "pactar con el crimen no resuelve nada. Al contrario, eso le ha permitido propagarse como un cáncer" porque se beneficiaba de "la complicidad de muchas autoridades".

Aseguró que pese a la dureza de la lucha contra el tráfico de drogas, "no hay un solo punto del territorio nacional que escape al pleno control del Estado. Y lo hemos preservado porque hemos actuado a tiempo con gran firmeza".
(Agencia EFE)

Los gringos, por supuesto (y como lo esperábamos luego de la rudeza innecesaria de nuestro Presidente), se han escondido por puro miedo y ya mandaron a pedir perdón.

A. Chaz Carrillo
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¡Poesía, coño, poesía!

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Dos poemas dos
de Octavio Paz:


LAS PALABRAS

Dales la vuelta,
cógelas del rabo (chillen putas),
azótalas,
dales azúcar en la boca a las rejegas,
ínflalas, globos, pínchalas,
sórbeles sangre y tuétanos,
sécalas,
cápalas,
písalas, gallo galante,
tuérceles el gaznate, cocinero,
desplúmalas,
destrípalas, toro,
buey, arrástralas,
hazlas, poeta,
haz que se traguen todas sus palabras.

De Calamidades y milagros (1937-1947)


Proema

A veces la poesía es el vértigo de los cuerpos y el vértigo de la dicha y el vértigo de la muerte;

el paseo con los ojos cerrados al borde del despeñadero y la verbena en los jardines submarinos;

la risa que incendia los preceptos y los santos mandamientos;

el descenso de las palabras paracaídas sobre los arenales de la página;

la desesperación que se embarca en un barco de papel y atraviesa,

durante cuarenta noches y cuarenta días, el mar de la angustia nocturna y el pedregal de la angustia diurna;

la idolatría al yo y la execración al yo y la disipación del yo;

la recolección de los pronombres acabados de cortar en el jardín de Epicuro y en el de Netzahualcoyotl:

el solo de flauta en la terraza de la memoria y el baile de llamas en la cueva del pensamiento;

las migraciones de miríadas de verbos, alas y garras, semillas y manos;

los substantivos óseos y llenos de raíces, plantados en las ondulaciones del lenguaje;

el amor a lo nunca visto y el amor a lo nunca oído y el amor a lo nunca dicho: el amor al amor.

Sílabas semillas.

De Árbol adentro (1976-1988)

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miércoles, 4 de marzo de 2009

"Es gracias a Adelina y a otras como ella..."

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Devolviendo la cortesía, recupero esta entrada de Silvia ("orquideasymariposas.blogspot.com"), quien a su vez lo difunde de CIMAC:




Por Erika Cervantes, cimac

Adelina Zendejas nació en Toluca, estado de México, el 16 de diciembre de 1909, hija de Manuel Zendejas Martínez, pionero de la lucha por la nacionalización de los ferrocarriles, y Carmen Gómez.


En su infancia, Adelina conoció el hambre. Su padre obrero fue arrestado varias ocasiones por sus ideas políticas y la familia Zendejas Gómez fue alimentada en varias ocasiones con agua con sal. Por ello fue capaz de sentir las injusticias que sufren los sectores más pobres, lo que se reflejó en su quehacer periodístico.

Sin embargo, pese a la carencia económica, Adelina asistió a la escuela y alcanzó el grado de bachiller en una época en que las mujeres estudiantes eran minoría. Con esa preparación ejerció como maestra.

A los 19 años Adelina ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde alcanzó el grado de doctora en filosofía. A esa edad inició también en El Universal Gráfico su labor como periodista, que desempeño hasta su muerte.

En el periodismo, Adelina Zendejas trató los temas de la educación, los derechos de la mujer, de niñas y niños. Colaboró con varios periódicos del país, como El Universal Gráfico, El Nacional, El Universal, Excélsior y El Día, entre otros.

En 1956 fundó dos revistas: Magisterio y La Maestra. En 1976 creó en el periódico El Día la columna “Ellas y la vida”, en donde bajo el seudónimo de Yolia escribió sobre la condición social de las mujeres y la inequidad de género.

En 1988, Adelina Zendejas Gómez recibió el Premio Nacional de Periodismo, tras 60 años de ejercer la profesión.Adelina no sólo fue maestra y periodista. Durante su vida también desempeñó diversos cargos públicos, entre ellos la dirección de la Escuela Taller para Obreros.

También fue delegada en la Primera Conferencia Mundial de Trabajadores y coordinó a varias instituciones con motivo del Año Internacional de la Mujer en 1975. Fue fundadora del Frente Único Pro Derechos de la Mujer.Adelina Zendejas fue una de las primeras investigadoras que rescatan el papel de las mujeres en la historia. De ello dan cuenta sus obras “La mujer en la Intervención Francesa”, “Frida Kahlo en la preparatoria”, y “Las luchas de la mujer mexicana (de 1776 a 1976)”.

Adelina Zendejas murió el 4 de marzo de 1993 a los 84 años de edad, en la ciudad de México. Su epitafio, redactado por ella misma, resume su vida y su obra: “Luchadora incansable por los derechos de la mujer y del niño. Mujer revolucionaria y convicta del materialismo dialéctico”.

Es gracias a Adelina y a otras como ella que hoy podemos ejercer nuestros derechos ciudadanos.


Efectivamente, Silvia, Adelina Zendejas fue una de esas personas sin cuya obra tendríamos un pais peor. Necesitamos recuperarlo (el país, el presente y futuro de la nación) en honor a ellas y por nuestros niños. Desde nuestras trincheras podemos confluir, a pesar de todo. Te felicito por difundir su biografía; hay tantos mexicanos ya fallecidos cuya valiosa aportación debe ser constantemente recordada para aprender de ellos y ellas.
Alejandro Coria
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Aniversario priyista

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García+
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PAN (PRI) y circo

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A. Chaz Carrillo

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Y tenemos un ganador

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García+

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martes, 3 de marzo de 2009

Que ya no trabaja allí...

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Se va, se fue.



A. Chaz Carrillo

(foto de Eduardo Verdugo)

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Una historia para degustar con tamalitos y café de olla

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Cómase un tamal, mi general
La otra obsesión de Francisco Villa

¿Estamos seguros de que la mano
valga menos que el corazón?
Alfonso Reyes


Edgardo Bermejo Mora*

"Sólo al probar los tamales se conoce el valor de la carne", le dijo alguna vez Francisco Villa a uno de los periodistas extranjeros que de cuando en cuando lo entrevistaban. Desde aquella tarde en la que se reunió en Xochimilco con Emiliano Zapata, el general Villa no consentía en su mesa ningún menú que no viniera acompañado por algún digno representante de la variada familia del "pan de maíz", al que se refirió en sus crónicas de las Indias don Gonzalo Fernández de Oviedo.

De Villa se saben muchas historias: de sus caballos y sus mujeres, de su afición por la bebida y el revólver. Nada se ha dicho, en cambio, de su glotonería sin límites, de la tiranía de su paladar y los caprichos de su estómago. Poco nos importaría el relato de la obsesión del general Villa por los tamales, si no fuera porque de ese idilio gastronómico se desprendió más de una calamidad: el fusilamiento de un cocinero inocente, la desaparición de un periodista francés que pudo ser, pero no quiso, el John Reed europeo, y la derrota militar del general Villa en Celaya.

Hasta antes de bajar al sur para derrocar al usurpador Victoriano Huerta, los dorados de Villa comían carne hasta el hartazgo. "Falta sabor, pero sobran proteínas", le dijo Felipe Angeles a Villa la víspera de la toma de Zacatecas, cuando en una sola tarde se sacrificaron quince vacas pellejudas para celebrar la inminente victoria militar.

Villa y sus tropas eran gente humilde de rancho que a estas alturas de la guerra comenzaron a extrañar otros sabores y otros paisajes. Tanto cuerpo ensangrentado en el campo de batalla terminaron por inhibir sus instintos carnívoros, y la sola mención de la carne les provocaba náusea. Porque el norte es árido, es cabrón, y no siempre podían conseguir los frijoles, mucho menos el huevo o la fruta, a no ser que pelaran tunas o asaltaran los graneros de algún hacendado díscolo. A veces, bendita escasez, sólo había carne de comer, carne de animal muerto, carne de vaca flaca, sola sin su alma en el plato, rotunda y sin gracia. Y así andaban los villistas, moviendo a los soldados de la tropa entre el bufar de los trenes, la pesadez de la artillería, las risas de los chamacos y la lentitud del ganado, otra cosa no se podía hacer.

Al menos para Villa y sus oficiales la situación cambió cuando llegaron a la capital de la República en diciembre de 1914. En su calidad de jefe de las fuerzas armadas de la Soberana Convención Revolucionaria, los banquetes y las recepciones pomposas abundaron. Como le dijo años después a Martín Luis Guzmán: "En México volví a comer como Dios manda, con sopas condimentadas y guisados calientes, con frutas frescas y postres azucarados, con bebidas finas y café de olor".

Sin embargo, nada de eso causó en el general tanto impacto como la tarde del 4 de diciembre en Xochimilco, cuando un mesero le puso frente a sus ojos un plato humeante de mole de guajolote, acompañado por dos tamalitos de garbanzos y unos frijoles de la olla sazonados con manteca, cebolla, chile verde y unas hojas de epazote.

Casi nada bueno sacó Villa de su visita a la capital, acaso unas cuantas fotos que después se harían leyenda, como aquella en la que posó sus nalgotas en la silla presidencial, y el feliz descubrimiento de que en el sur se prepara la comida con sensualidad tropical y sabiduría mestiza, mezcla barroca de sabores y olores buenos, de hierbas y flores, de colores y texturas. "Sólo hasta que fui a la capital –confesó alguna vez el general Villa a José Vasconcelos– y comí tamales, pozole, sopa de cuitlacoche al ajillo, tlacoyos de haba y quelites, gorditas de chicharrón prensado, huaraches rojos y verdes… sólo entonces comprendí por qué los indios de estas tierras hicieron del maíz un dios".

El general Villa supo tomar las providencias del caso. Ordenó a uno de sus oficiales de mayor confianza que negociara con los zapatistas todo cuanto fuera necesario para seguir comiendo tamales en su regreso al norte, donde su gente lo esperaba. Como resultado de la singular negociación extramilitar se obtuvo: un flamante molino para hacer el nixtamal, que Zapata personalmente expropió de una hacienda en Yautepec, treinta y tres costales de hoja de maíz, veinte cerdos, cincuenta pollos, cinco guacales con chiles de varios tipos, hierbas de olor, cebollas, tomates y jitomates, cinco latas de manteca fina y un cocinero chaparro al que todos llamaban Manuelito el tamalero.

Villa regresó al norte descontento por los desmanes de la Convención, pero con el buen humor que siempre le provocaba sentir a su barriga contenta y, al menos temporalmente, satisfecha. La primera noche que paró, al saber que en la estación del tren le esperaban varios generales de su Estado Mayor, de puro gusto ordenó preparar una poderosa tamaliza con todo y champurrado, que a decir del general Fierro era como beberse la leche de alguna legendaria diosa azteca. Se armó la fiesta, se bebió charanda, se bailó, y al cocinero Manuelito se le premió elevándolo a rango de teniente.

Ya para entonces el gusto de Villa por los tamales se había convertido casi en una obsesión. Por eso mandó un mensaje a los villistas que seguían en Cuernavaca armando borlote en la Convención, para que hicieran del conocimiento público su marcada afición tamalera. De esta manera Villa calculaba que tarde o temprano le empezarían a llegar gran variedad de tamales provenientes de igual número de regiones con representación en la Soberana Convención Revolucionaria.

Algunos por lealtad, otros por lambisconería, pero lo cierto es que al poco tiempo los tamales comenzaron a fluir con mayor puntualidad que el suministro de armas y municiones. Para garantizar el operativo los allegados al general establecieron toda una red de abastecimiento que iba desde el extremo sureste hasta el pródigo Bajío. Por igual llegaban tamales de la costa guerrerense que de los altos de Veracruz, burlando a las tropas carrancistas, esquivando los retenes de Obregón. Por su parte, el teniente Manuelito se partía la cabeza en la creación de nuevas y cada vez más descabelladas versiones del tamal, siempre atendiendo los caprichos gastronómicos de su general: "Ora hasta unos de borregos, ora con panza de vaca, ora rellenos de sesos…".

Desde Oaxaca llegaron los chuchulucos y los chipilitos. Los primeros iban envueltos en hoja de plátano y estaban rellenos de una especie de mole llamado "amarillito"; los segundos eran más sencillos, pues sólo consistían en una bola de masa con sal y una hierba de gusto amargo a la que llamaban chipil que al general francamente no le gustó. Hasta sus oídos llegaron noticias de un tamal de linaje zapoteco aderezado con mole negro, que fue la predilección de Benito Juárez, pero jamás pudo darse el gusto de probarlo.

El Club Liberal de Comitán le envió varias docenas de tamales chiapanecos rellenos de pollo, plátano macho, pasitas y jitomate. "Estos están más perfumados que Obregón", se quejó Villa en la cocina del cuartel de Aguascalientes, arrojando el tamal al suelo con lujo de violencia y con el ceño fruncido.

Con mejor suerte corrieron los tamales que envió en el mayor de los sigilos el cacique de Altotonga, que se arriesgó a ser fusilado por las tropas de Carranza con tal de que el general Villa conociera las delicias del chilahuate y el patachtle, ambos envueltos en hoja de maíz, con relleno de frijol tierno y calabaza, el primero; y de chícharos y chile, el segundo. El general los engulló sin gran entusiasmo aunque tampoco se quejó. Digamos que estuvieron bien a secas.

El día que llegó hasta su mesa la versión yucateca del tamal, el general les quiso hacer el fuchi pues su aspecto era similar a los "perfumados" chiapanecos. Finalmente los probó sin que nadie le advirtiera de las inclemencias del chile habanero. No debió hacerlo: al sentir la lengua y las orejas encendidas se puso furioso y maldijo a todos los que lo rodeaban. Pagaron las consecuencias unos curas de Torreón a los que, todavía enchilado, mandó a fusilar por almacenar en secreto varios costales de grano en sus parroquias.

El sureste y los tamales no se llevan, juzgó Villa, y por tanto solía preferir aquellos que iban envueltos en hoja de maíz, en su hábitat natural, por decirlo así, y no los tamales de hoja de plátano que le resultaban, por lo menos, inquietantes, demasiado tropicales para alguien que nació y creció en los áridos parajes de Durango.

Una tarde de principios de mayo en la que Villa festejaba su santo, el teniente Manuelito preparó unos tamales de dulce hechos a base de piloncillo, ciruela pasa y frutas secas de Jalisco. Ese día el general tenía como invitado en su mesa a un periodista francés que hablaba bien el castellano y era buen conversador. De pronto, el francés sacó de su mochila una botella de coñac que ofreció a Villa como muestra de su amistad. Villa recibió la botella con gesto de desconfianza, pero enseguida ordenó abrir aquella lujosa extravagancia a uno de sus soldados.

Mientras tanto, el periodista explicó que en cierto lugar al sur de Francia era costumbre de los varones rociar al postre con coñac para imprimirle sabor y exclusividad. Devolviendo la gentileza, Villa vació su copa recién servida en aquel tamal empalagoso. Pinchó un trozó y lo condujo hacia la boca con la firmeza en el pulso y el cinismo en la mirada de aquel que todo lo prueba. Masticó el bocado con ritmo seductor y paciencia inquisidora. Limpió con su mano derecha los restos de tamal atrapados en el bigote mientras todos esperaban en silencio su dictamen. Sobre todo el francés, que ya sabía de los arranques energúmenos del general cuando algo le disgustaba, que podía comprender lo que significaba sacar al general de sus casillas.

Pero esta vez pasó la prueba, mejor todavía: tras soltar una carcajada violenta y estridente el general Villa mandó traer un pequeño baúl lleno de billetes arrugados y monedas de plata, lo más parecido que podríamos imaginar al tesoro de un pirata. Entonces suplicó a su nuevo amigo francés que cruzara la frontera para conseguirle del otro lado algunas cajas del apreciado coñac: "Si pretendes no volver para quedarte con el dinero que te estoy dando –señaló el general imprimiendo un tono de gravedad a su advertencia–, tarde o temprano mis hombres te encontrarán y ahí mismo te pasarán por las armas; pero si vuelves, y me traes las cajas, entonces te regalaré tres baúles llenos de dinero como éste". El francés, por lo pronto, obedeció. Por la mañana tomó el camino a Laredo prometiendo volver lo antes posible. Dos hombres de la confianza de Villa lo escoltaron hasta la frontera, pero ya del otro lado tendría que seguir solo su camino.

Larga fue la lista de tamales que llegaron por esos días a la mesa del general: de Campeche rellenitos de cazón y de pejelagarto; de Guerrero tamales de sardina o de carne de iguana; de Tampico otros más raros hechos con la hueva de un pescado azul; y de San Luis Potosí un imponente nacatamal de veinte kilos de peso, con las entrañas a reventar por la carne de siete pollos. Todo un himno a la abundancia y una sinfonía del exceso.

Cuando llegó el nacatamal las cosas se estaban complicando para la División del Norte. Ese día el general Villa decidió compartir el descomunal pastel potosino con los cónsules de Francia, Gran Bretaña, Alemania y Estados Unidos, que habían llegado a Salamanca para interrogarlo sobre el tremendo enfrentamiento que se avecinaba. El general Obregón ya había ocupado Celaya, y todo parecía indicar que en pocos días aquella ciudad se convertiría en escenario de una gran conflagración que habría de decidir la guerra.

Las fuerzas estaban más o menos parejas: veinte mil hombres al mando de Villa, y como quince mil de Obregón. Para entender la diferencia de números había que considerar que Obregón era quien defendía la plaza y Villa quien la atacaba, y en la guerra siempre resulta más costoso atacar que defenderse. De manera que nadie en ese momento podría adivinar el desenlace, dos genios militares frente a frente en igualdad de circunstancias. Sólo la caprichosa intervención de la fortuna inclinaría la balanza en favor de una de las partes.

Esta vez el azar jugó en contra del general Villa: su afición por los tamales pagó por partida doble la cuota de culpa que le correspondía en la tragedia.

El primero de estos incidentes tuvo que ver con la comunicación de Villa al exterior por medio de telegramas escritos en código secreto. Ocurrió que el mismo día que Obregón tomó la plaza de Celaya, el general Villa, acantonado en Salamanca, pidió refuerzos al general Herón González que entonces estaba escondido con varios miles de a caballo entre los estados de Jalisco y Michoacán. Hombres del general obregonista Benjamín Hill lograron interceptar el telegrama en clave, pero no hubieran descifrado por dónde llegarían los refuerzos villistas, a no ser por la torpe indiscreción cometida por órdenes del propio Villa.

La criptografía del telegrama era impecable y elusiva, de modo que ni el más astuto podría descubrir los códigos utilizados por los estrategas de Villa para pedir refuerzos anticipando la hora y día del ataque, pero al final del mensaje se añadió una petición de último momento en la que, renunciando a los códigos secretos, se pedía en llano y puro español que se enviaran cinco botes de corundas –un pequeño tamal que se prepara en el centro de Michoacán– para satisfacer un antojo del general. Siendo así, para los obregonistas no fue difícil sacar conclusiones: si Villa pide corundas, quiere decir que espera la llegada de refuerzos por el rumbo de Morelia. En consecuencia, Obregón adelantó algunas tropas entre Guanajuato y Michoacán, impidiendo de esta forma que su glotón enemigo se reforzara.

Vino entonces el primer choque de fuerzas. Tres mil bajas le produjo a la División del Norte el intento fracasado de tomar la plaza a punta de fuego y metralla. A pesar de esta derrota Villa se pudo reorganizar y una semana después lanzó nuevamente sus tropas al combate. Es aquí donde aparece la segunda desventura, cuyas causas obedecen al testarudo apetito del general.

Tras la primera derrota, el general Villa reunió a su Estado Mayor para evaluar los motivos del fracaso. Además de la evidente falta de refuerzos, que no pudieron cruzar el cerco michoacano del general Hill, entre otras causas se estableció con claridad que hizo falta la presencia alentadora del general Villa en la línea de combate. Los oficiales estaban convencidos de que la tropa peleaba con mucha mayor garra si sentía la compañía de su valiente inspirador. De modo que se aceptó como imprescindible la participación en primera línea del general Villa y sus oficiales más reputados para el día que reiniciaran los combates.

"Muchachitos –arengó el general a sus tropas poco antes de entrar por segunda ocasión en el combate– antes de parpadear la tarde entraremos a Celaya a sangre y fuego". Era el amanecer del jueves 14 de abril de 1915. Villa se jugaba todas sus cartas en la refriega.

Aquel día desde muy temprano el general se levantó de la cama, inquieto como estaba por la importancia de la batalla. No había terminado de clarear la mañana cuando Francisco Villa, víctima de una voracidad no menos compulsiva que nerviosa, decidió zamparse media docena de unos pequeños tamales de frijol, elaborados en Xochimilco, cuyo mote de "pedorritos" explicaba por sí solo su alto poder devastador, aun para el estómago mejor entrenado.

Así fue. Desde las ocho de la mañana el general se encerró en el despacho doblegado por severos retortijones que no lo dejaban respirar, oyendo y lamentando que su enorme barriga rugía y daba patadas como una bestia furiosa. A partir de las diez quedó adherido de manera por demás abyecta a un retrete de catrín, forrado de terciopelo, en el que lentamente se fueron acumulando sus despojos intestinales y sus lamentos.

De manera que el general no pudo acompañar a sus dorados que dos días después regresarían completamente derrotados y ya sin ninguna esperanza. Reducidas sus tropas a menos de la mitad, superado el empacho y controlada la diarrea, Villa tuvo que huir a toda prisa a la ciudad de León, sellándose de esta forma el principio de su ruina militar.

Tres meses después de la catástrofe de Celaya el general rezongaba por la derrota desde su refugio de Aguascalientes. En medio de esta desgracia le queda un consuelo que es a la vez motivo de alegría: el 3 de junio, cuando sus tropas debilitadas soltaban los últimos coletazos previos a la huida, una bala de cañón alcanzó el patio central de la Hacienda de Santa Ana del Conde, arrancándole de un solo tajo el brazo al general Obregón.

Mientras esperaba el desayuno, el general Villa se deleitaba al imaginar al enemigo recogiendo del suelo su extremidad ensangrentada. A tiempo se presentó Manuelito con dos tamales verdes recién sacados del bote, un par de huevos estrellados y un café criollo de Veracruz.

El general se acarició el bigote como siempre lo hacía cuando el hambre apremiaba y el festín era inminente. Con inusual delicadeza en él, casi con la gracia de una bailarina, liberó a la pareja de tamales de su envoltura tibia y húmeda, tomó el tenedor y lo hincó sin clemencia sobre la piel blanda del tamal. Dio los primeros bocados mientras repasaba las hojas del ejemplar atrasado de un diario que reproducía la foto del frasco de formol donde se conservaba, como mudo testimonio de la guerra, la mano desgraciada del general sonorense. A la tercera arremetida del tenedor el general advirtió que había llegado al corazón del tamal, prensó el trozo de carne con indudable habilidad, pero también con la natural distracción de quien se encuentra comiendo y leyendo al mismo tiempo. Antes de que el bocado culminara su trayectoria desde el plato hasta las mandíbulas de su depredador, el general Villa alcanzó a mirar de reojo un trozo de carne macilenta y oscura, quedándose en ese instante paralizado por el horror, el asco y la sorpresa: adherido al cubierto, o mejor dicho, atravesado por él, Francisco Villa había estado a punto de llevarse a la boca un dedo humano.

Era un dedo meñique, grisáceo por su avanzado estado de descomposición, ligeramente encorvado y con la uña bastante crecida. Su mano temblorosa no podía soltar aquella pesadilla de dedo que parecía clavársele al general en medio de los ojos. Como si el cercenado despojo de Obregón estuviera cobrando venganza, como si aquél fuera el dedo flamígero de Dios que emergía de las nubes vaporosas del tamal acusándolo y condenándolo por tanta guerra y tantas muertes.

Finalmente arrojó el dedo al suelo con evidente repulsión y enseguida sintió que la lengua se le iba para atrás anunciando un vomitar violento y lastimoso, continuo y sordo. Así terminó la afición de Francisco Villa por los tamales sureños.

Ese mismo día, y sin mediar juicio alguno, el teniente Manuelito fue pasado por las armas. El propio general se encargó de darle el tiro de gracia, pero no fue uno, sino ocho los patadones de su revólver que descargó con furia sobre el cuerpo inerte de su cocinero. Tiempo después se supo que la broma macabra fue planeada y cumplida por uno de los prisioneros obregonistas que trabajaba como mozo en la cocina. Pudo haberlo envenenado si así se lo hubiera propuesto, pero aquel infeliz sólo quería hacerle pasar un mal rato al general, y esto le costó la vida.

De quien nunca se volvió a tener noticias fue del periodista francés. Años después, cuando Villa pasaba sus últimos días en la hacienda de Canutillo, un gringo le contó que había conocido a un próspero cantinero francés en la Louissiana, que se había hecho rico a fuerza de vender coñac y vino a los indios piel roja y paladar afrancesado. Entre risa y risa, su compadre le contó que aquel tipo a diario hacía alarde de ser el único hombre vivo que logró burlar al general más sanguinario de cuantos pudo haber sobre la Tierra. El general Villa soltó la carcajada fuerte: "¿Sanguinario yo? Si viera que los hay más cabrones"

*Edgardo Bermejo Mora es escritor y periodista.

Este relato forma parte de la antología Líneas aéreas, nuevos narradores hispanoamericanos, de la editorial española Lengua de Trapo.

fuente: http://www.etcetera.com.mx/1999/340/bme0340.htm
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¿El medio es el mensaje?

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Leído en Milenio Dirario de hoy:

Usa el narco a los medios para intimidar: PGR

"Los cárteles de la droga utilizan acciones cruentas y espectaculares para atraer la atención de los medios de comunicación, amedrentar a bandas rivales y generar desánimo en la sociedad, haciendo creer que la autoridad no está haciendo nada, sostuvo el titular dela Procuraduría General de la República, Eduardo Medina Mora.

"El procurador aseguró que el gobierno no puede imponer valores éticos y profesionales a periodistas, pero señaló que en las actuales circunstancias la tarea informativa no puede ejercerse con ingenuidad."



García+

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lunes, 2 de marzo de 2009

Transporte nuevo pa'l patrón

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Marcelo Ebrard se opone a la derogación de la tenencia de vehículos automotores. Nos es para menos, con la lana que obtienen pueden llevarse a cabos muchas obras de diverso tipo, dado que no se trata de recursos etiquetados ni están bajo un estricto control en material de gasto público.

Parece ser que bajo los criterios del gobierno con ángel face sí se puede suprimir "populistamente" el incremento al precio del servicio de agua potable (es poquito) pero es impensable hacerlo con el impuesto a los autos, cosa que sí beneficiaría la economía de los ciudadanos (de los privilegiados con auto, por supuesto).



Alejandro San Martín
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Estrella de cine porno

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La estrellita se llama Heidi Maine. Ya me prometí buscar sus películones en los puestos de piratas, ¿dónde más? En la feria del libro del palacio de Minería y en esta feria del sexo anduve como perro de carnicería, y lo peor es que no me aventaron ni un hueso. En fin.



El Warrior

(la foto es de Rosalío Huizar)
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Nuestro campeón

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tomado de Notimex (2 de marzo):


Hombre muere tras 12 horas de sexo

"Un ruso aceptó una apuesta de dos amigas para mantener relaciones durante ese lapso de tiempo; el joven de 28 años ganó, pero las múltiples pastillas de viagra que tomó le ocasionaron un paro cardiaco.

"Mecánico de profesión, el ruso aceptó el reto de dos mujeres que le aseguraban que no podría aguantar mantener relaciones con ellas durante 12 horas sin parar. De ganar, el premio sería de unos 5 mil dólares. Sabía que sería imposible mantener una erección durante tanto tiempo, por lo que se preparó con una cuantiosa dosis de las pastillas azules, sin embargo, tras la maratónica sesión, su corazón dejo de funcionar y perdió la vida por un ataque cardiaco fulminante.

"Alina, una de las chicas participantes, fue la que llamó a la policía de Moscú luego de que Sergey se desvaneciera minutos después de ganar la apuesta. Cuando los servicios médicos llegaron al lugar ya era demasiado tarde, y sólo se llevaron el cuerpo del hombre, que en opinión de muchos, murió feliz. "



El ruso no es nada comparado a los logros obtenidos por el Chainas, émulo de El Carajo (inspirador de este blog), quien hace apenas un par de años se lanzó con la perrada rumbo a Cipolite con la sana intención de romper el récor del Maese Carajo, sin lograrlo a final de cuentas.

La banda fue testigo de que el Chainas no requirió ninguna pastillita azul para mostrar sus proezas. Todo lo hizo con una mezcla de bebidas del Valle: sobre una base de un kilo de yerba (cultivada por él mismo en su cantón de Valle Dorado) puesta a macerar durante una semana en dos litros de alcohol del 96 (que sustrajo cuando camellaba en un laboratorio en la colonia del Valle), aderezó el contenido de una pata de elefante llena de mezcal de pechuga traído de Vallecitos de Zaragoza, combinado con medio galón de pulmón blanco que yo le traje del Valle del Mezquital, pa’ que espesara.

Durante tres días completos, las 72 horas reglamentarias de duro trajín, sobre el petate del Chainas desfiló toda la geografía norteamericana, europea y asiática empeñada en desinflar la dureza de nuestro campeón. Pero él, impertérrito, o sea, valiéndole madres, seguía bombeando al personal invitado que como la policía mexicana de pronto abandonaba la plaza al vencedor. Él sólo tomaba respiro para beber un trago de su menjurje potenciador y llamar a la siguiente concursante.

Está de más decir que nosotros no nos conformamos sólo con ver y conseguimos darle la segunda pasada a los platillos internacionales que seguían cayendo de la mesa de ese festín. La promesa había sido de mil dólares y varios kilos de yerba sin coco para la ganadora, más una noche de lujuria con la banda (opcional). Pero luego de las primeras 60 horas ya no quedaban sino las féminas de mayor edad que se conformaban sólo con la cabalgata, porque las nacionales no caían en el engaño de los dólares y siempre pedían ver el premio a la vista al portador.

Cumplido el plazo establecido, el Chainas pudo pronunciar la célebre frase de “las armas nacionales se han cubierto de gloria” y celebrar con ánimo patriotero la metida de goles más profunda que haya tenido selección alguna. Así, toda la perrada nos fuimos a surtirnos de chelas y tequila para homenajear a las perdedoras y la vencedor (a esas alturas nos importaban más las derrotadas). Seguimos toda la noche hasta el amanecer. Un lugareño nos dijo que el Chainas se había empeñado en conseguir unos vitroleros llenos de agua de limón, sandía y horchata con harto hielo para quitarse el calor con las bebidas “nacionalistas”, según dijo. No sólo se las bebió, también se las vertió encima.


A la mañana siguiente lo encontramos así, con el arma enhiesta y los ojos bien abiertos, sonriendo al ancho cielo (pero sin sombreros). Briagos aún, le hicimos un funeral vikingo y lo arrojamos al mar en una balsa improvisada hecha con algunas hojas de palma. Parece ser que se enredó en las redes de unos pescadores ilegales y rescataron lo suficiente para descubrir que su muerte era debido a una congestión alcohólica mayor.

Así perdimos al Chainas, ese héroe nuestro.


El Warrior

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El narco, ¿un antihéroe a la altura del cómic?

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En un libro de ensayos breves*, hoy más olvidado que cadáver procesado por El Pozolero, leo lo siguiente surgido de la compu de Federico Campbell:


“La percepción que se tiene del narcotraficante entre las clases medias y en los medios políticos no es la misma que se vive en los estratos más bajos de la sociedad, en el imaginario colectivo más recóndito –riquísimo en fantasías- donde triunfa el mito y se disuelve en la historia oral que ciuentan los ancianos del pueblo y los trovadores.
[…]
“El personaje del narco representa para ellos [los habitantes pobres de zonas rurales] el triunfo social, la consecución de un status conveniente. Si los poderosos tradicionales, los ricos y los funcionarios públicos, tienen lana y tierras porque las heredaron o se apropiaron de ellas, los narcos han hecho su capital arriesgando la vida. Ése es su razonamiento. No creen mucho en las leyes porque tienen un acuerdo con los policías (se puede comprar desde un agente, un comandante, hasta un procurador y un secretario de Estado).
[…]
El bandido héroe de otras épocas ha sido desplazado por el traficante héroe, pero no del todo, pues la vía de su presentación mítica –el corrido norteño y la tambora sinaloense- muestra aún huellas de convivencia de ambas categorías de héroes, a veces asimiladas o indiferenciadas. Y si bien el mito se encuentra en el imaginario colectivo como algo latente, algo que esta allí a la mano de los sueños, a fin de darle coherencia a un mundo absurdo e incomprensible como la vida misma, lo cierto es que en el habla y las conversaciones de la gente, e los chismes y la transmisión oral de noticias, es donde mejor se presentan esos patrones narrativos que dan significado a la existencia de cada quien –puesto que cada quien se inventa la película que le conviene , la versión de la realidad que más coincide con sus fantasías- y le dan un color a la aventura que, de cualquier modo, significa estar en este mundo.”


Y sin embargo, a la fecha algo ha cambiado en el aura romántica que rodeaba la figura del narco. La dificultad aparente para entrar a otros mercados, el descubrimiento que el espacio nacional era un mercado abierto y cautivo, el número de muertos derivado del incremento de la conflictividad por las plazas, y por supuesto la crueldad en el modo de cometer los asesinatos, entre otros factores, han modificado el comportamiento de los narcos hacia otros. Si antes la consigna era no matar a mujeres y niños, hoy se asesina primero a los niños “para que los padres sufran” y enseguida se les mata a ellos “para que ya no sigan sufriendo”.

El “código de honor” de los narcos es ya cosa del pasado. Las generaciones más jóvenes de sicarios saben que triunfa quien es más duro, más cruel, más fuerte, pero también más inteligente. Es la astucia de quien sabe oler el peligro, de quien “madruga” al otro y se le anticipa en la traición. En ese punto no están tan alejados de las élites partidistas. La lucha por el poder es así, aunque no hayan leído a Maquiavelo o a Shakespeare como se supone sí lo han hecho los políticos.

Pero el hecho de que el Cartel de Sinaloa haya logrado abarcar el 50% del mercado de drogas en los Estados Unidos, ¡en 26 estados!, y que a decir de los gringos ha alcanzado un desarrollo similar al de una empresa trasnacional, sólo puede exacerbar nuestros más básicos instintos patrioteros. El “greaser” regresa y lo hace de modo contrario a como muchos anglosajones han querido verlo siempre, humillado, derrotado, sin dignidad para oponerse.

Desde luego no es lo que esperamos para los ciudadanos de origen mexicano y los migrantes que día con día se juegan el pellejo en otras actividades. No sé cuál sea la percepción de los millones de mexicanos allá, pero bien visto, el Chapo Guzmán merecería ser catalogado como un (anti)héroe a la altura del arte, del arte del cómic, por lo menos.

Ahora que la PGR dio por concluida su “Operación Limpieza” con la captura de 25 altos funcionarios al servicio del narco (a ver cuántos salen en poco tiempo), uno se pregunta qué pasa con las otras área de la delincuencia común y no común que siguen haciendo su agosto en las aduanas, carreteras, casetas, avenidas urbanas y centros de comercio. Cuántos están metidos en la trata de blancas u explotación sexual de menores, cuántos siguen en el secuestro y las extorsiones, en los asaltos y fraudes diversos, y cuántos más siguen vendiendo protección a delincuentes o cometiendo ilícitos ellos mismos. ¿Quién confía en sus policías, en sus autoridades civiles, en sus supuestos representantes como los diputados y senadores? Y si la confianza en las instituciones sigue cayendo (caso IFE), ¿cuánto más tardará en derribarse toda confianza? ¿O sería mejor un presidente narco que nos dé empleo permanente y confianza a todos?

* Federico Campbell. “El narcotraficante”, en: Florescano, Enrique (Coordinador). Mitos mexicanos. México, Ed. Aguilar, 1995.

Martín Guerrero
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