lunes, 22 de diciembre de 2008

En el borde

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Felipillo Calderas no necesitaba las vacaciones en Brasil para denunciar que estamos a punto de que nos lleve la chingada, no por cierto a los beneficiados por los rescates disfrazados, a los cobijados por el presupuesto (exentos de impuestos para que lloren), y a los protegidos por el Teletón (los que evaden impuestos con tus donaciones).

El Coro de los niños aulladores de hambre ya afina en tono de re: si antes nos fue de la chingada ahora será de la re-chingada. Y como dice el chiste en boga, padeceremos un periodo de harto consumismo: con su mismo par de zapatos, con su mismo pantalón, etc.

El defensor de las puertas abiertas al mercado (“duele, pero gana el mundo”), el machito del TLC (“aunque nos lleve el carajo, pero nos aguantamos”), el hombrecito que espanta con el petate del muerto (“se les juntarán los migrantes en la frontera pidiéndoles posada”), el campeón de las economías emergentes (“evitemos el proteccionismo, eso se los dejamos a los países desarrollados”), el líder de los encuentros a puertas abiertas ("ya conocí Brasil, el año próximo nos veremos en Venezuela”), el conductor de esta nave llamada Titanic (“estamos muy contentos y vemos el futuro con optimismo”), ese “chaparrito, pelón, de lentes”, no recuerda el clásico de antaño: “Estábamos al borde del precipicio, pero dimos un paso adelante…”.

Sólo que esa frase, hoy, no es sólo un dislate.

Martín Guerrero
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