jueves, 4 de diciembre de 2008

Ivan Illich, a seis años



Como un suspiro han transcurrido ya seis años de la muerte de Ivan Illich, ese pensador, ese humanista. Releo por estas fechas el primer capítulo del portentoso librito titulado “En el viñedo del texto. Etología de la lectura: un comentario al “Didascalicon” de Hugo de San Víctor”. Digo librito sólo por su extensión de apenas dos centenares de páginas. En tal obra, el autor declara: “… describo e interpreto, en los seis primeros capítulos [son siete en total], un avance técnico decisivo que tuvo lugar hacia 1150, trescientos años antes de que el tipo movible se comenzara a usar. Este avance consistió en la combinación de más de una docena de inventos técnicos y adaptaciones a través de las cuales la página dejó de ser partitura para convertirse en texto. No fue la imprenta, como normalmente se asume, sino este conjunto de innovaciones, doce generaciones antes, lo que constituyó el fundamento necesario para todos los estadios recorridos desde entonces por la cultura libresca. Esta colección de técnicas y hábitos permitió imaginar el ‘texto’ como algo separado de la realidad física de una página. Reflejó, y a su vez condicionó, una revolución en lo que la gente culta hacía cuando leía, y en lo que experimentaba que significaba la lectura.

Más adelante, Illich describe el sentido y procedimientos usados por Hugo de San Víctor para fomentar entre los discípulos el arte de la memoria, rescatada a su vez de los antiguos [griegos y romanos, principalmente]. Las modernísimas técnicas de estudio, entre ellas los “mapas mentales” tan usados hoy en las escuelas básicas, mucho le deben a ese rescate del arte de la memoria y al que se dio en siglos posteriores.

En el Didascalicon, Hugo dice entre otras auctoritas:

El principio de la disciplina es la humildad [...] y a través de la humildad el lector aprende tres lecciones especialmente impor­tantes: la primera, que no debe despreciar ningún conocimiento o escrito, cualquiera que sea. La segunda, que no se avergonzará de aprender de ningún hombre. La tercera, que cuando él mismo haya alcanzado el conocimiento, no mirará a nadie por encima del hombro. Una vida tranquila es igualmente importante para la disciplina, tanto cuando la tranquilidad es interior, de modo tal que la mente no se distraiga con deseos ilícitos, como cuando es exterior, de modo tal que disponga del tiempo libre y la oportuni­dad para estudios loables y útiles. Para la disciplina es especialmente importante saber prescin­dir de las cosas superfluas. Como dice el dicho, una barriga promi­nente no puede parir una inteligencia fina. Por último, el mun­do entero debe convertirse en territorio extranjero para aquellos que quieran leer con perfección. Dice el Poeta: "No sé debido a a qué dulzura el suelo natal atrae al hombre; y no puede acep­tar que deba olvidarlo". El filósofo debe aprender, paso a paso, a abandonarlo.

Omnium expetendorum prima est sapientia, in qua perfecti boni forma consistit. (De todas las cosas que se han de buscar, la primera es la sabiduría, donde reside la forma del bien perfecto). Tal es el incipit con el que se cita y busca este manuscrito de Hugo de San Víctor.

Ivan Illich murió el 2 de diciembre de 2002. Más adelante habremos de compartir algunos aspectos relevantes en su obra.

(Ivan Illich. En el viñedo del texto. Etología de la lectura: un comentario al “Didascalicon” de Hugo de San Víctor. México. FCE. 2002. El FCE ha publicado ya varios volúmenes de sus Obras Reunidas. Se pueden conseguir versiones completas de sus libros en “ivanillich.org”).

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