jueves, 9 de octubre de 2008

¿Tú también, Peje?


Esta vez coincido con el caudillo que todo lo sabe y lo que no lo saca de su chistera, en su propuesta de crear una bolsotota de varios miles de millones de pesos para enfrentar la situación ante los efectos de la crisis financiera. Sumada a otras medidas, la eliminación del “gasto superfluo” ayudaría a sanear las finanzas heridas no por falta de amor sino de capital. Hasta allí todo bien, ya sabemos que eso no va a ocurrir. Ya quiero ver quién de los diputados y senadores perredistas se va a negar a recibir los bonos de fin de año y de fin de legislatura, por ejemplo.


Pero las cosas se apestaron cuando el Pejecillo se nos puso romántico y nos arrojó sus “30 recomendaciones para sortear la crisis” (próximamente en las principales librerías), que entre otras cosas nos aconseja hacer un esfuerzo para ajustar el gasto a lo básico, inscribirse al seguro de desempleo, "esmérate en tu trabajo porque habrá más competencia y despidos", ahorrar luz, agua, gas y gasolina, no aceptar cargos indebidos en tarjetas de crédito, no contratar crédito a tasa variable ni en dólares, comprar en los mercados o tianguis, preparar alimentos en la casa, que los niños no consuman comida chatarra, comprar pan en la panadería, hacer agua de fruta en lugar de comprar refrescos, consumir productos mexicanos, si la gente necesita ropa ir a Mixcalco, Chiconcuac, San Martín Texmelucan, si se necesitan zapatos ir a León, San Mateo Atenco o Ticul.


Yo por eso voy a apagar el radio y dejar de oír el son llamado “mi tocayo Andrés”, a ver si salgo de esta crisis. Ya tengo el recetario de soluciones, pero eso no me impide mentarle la madre legítimamente a López Obrador. Y como sé que en cualquier momento el capo Beltrones, Dante Delgado, Díaz Cuervo, Luis Maldonado, Alberto Anaya, Jorge Kawashi y el “Niño muy Verde” de cuyo nombre no quiero acordarme, harán declaraciones para ayudarnos (a los mexicanos pobres y clasemedieros) a paliar estos momentos críticos y los que vienen, les digo a todos ellos: “¡Chinguen a su madre, señoras y señores!”, digo, para que nadie se sienta excluido.


Martín Guerrero

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