domingo, 5 de octubre de 2008

Y el fomento al empleo, ¿cuándo?

“Hay una realidad muy distinta en el mercado financiero y nuestra estructura jurídica tenía varios años sin modificaciones; la modernizamos para aprovechar lo que tenemos actualmente a nivel internacional, porque ninguna ciudad del mundo puede desarrollar por su cuenta la infraestructura necesaria. Para hacer modernas y competitivas a nuestras ciudades necesitamos al capital privado”.

Lo anterior no son declaraciones de ningún funcionario del “gobierno neoliberal de Calderón” sino de Mario Delgado, Secretario de Finanzas del GDF, luego de que la ALDF aprobara en agosto pasado modificaciones a la leyes de Obras, Régimen Patrimonial y de Adquisiciones del Distrito Federal.

A raíz de esas modificaciones, que reducen trámites a la mitad de tiempo que antes, el gobierno de Ebrard podrá, felizmente:

  • establecer Proyectos de Prestación de Servicios a largo plazo (todos los contratos podrás ser multianuales y no sólo de un año);
  • firmar acuerdos de transferencia de tecnología (las empresas donarán a la ciudad la tecnología que usaron en las obras realizadas por ellas);
  • consolidar un modelo de concesiones “novedoso” donde la administración local será socia y gozará de un porcentaje de las ganancias (es el caso de los paraderos de autobuses);
  • lograr financiamientos a través del mercado de valores (para que aprendan los gringos que aquí sí se puede convertir dinero ajeno en papel volando);
Entre otras linduras modernizantes, el GDF buscará a la empresa que mediante el esquema financiero de arrendamiento proporcionen las ocho mil cámaras de seguridad necesarias para la ciudad, en un plazo de 10 años. Dicho de otra manera, rentará las cámaras por ese plazo al cabo del cual el GDF será propietario de toda esa infraestructura. ¡Cóño! ¿Cuál es el tiempo de vida útil de esas cámaras y su centro de operación?

Desde luego que Mario Delgado tiene razón al decir que “necesitamos al capital privado”. Cuba, por ejemplo, acaba de aprobar modificaciones a su Ley de Minas para permitir la inversión extranjera mediante contratos a riesgo para la explotación de oro, plata, cobre, plomo y zinc. Y para el caso de la ciudad de México ya se prevén formas de recuperación como el cobro de autovías rápidas, según han estado sondeando los funcionarios de Ebrard.

Queda ahora por averiguar cuáles serán los mecanismos de transparencia para la adjudicación de obras, su seguimiento y verificación en los cierres de ejercicio. Una de las primeras medidas sería lograr que el GDF publique en su página de internet los documentos que se refieran a esas operaciones. Lo mismo debiera ocurrir en el caso del gobierno federal, los estatales e incluso los municipales, de tal modo que los espacios de intervención ciudadana resulten todavía más flexibles que ahora.

Con esas acciones el gobierno lucidor de Ebrard quedará muy bien con los inversionistas locales y extranjeros. De hecho, las obras permitirán abrir empleos temporales y, desde luego, mal pagados para los peones y personal de base. Pero el fomento para obtener empleos duraderos y bien pagados para los habitantes de esta ciudad, ¿hasta cuándo?.

Martín Guerrero

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